martes, 21 de abril de 2015

SU OCASO


Le parecía llevar años andando, realmente no recuerda cuando comenzó a caminar, ni los motivos por los que se marchó, el hecho es que estaba andando en medio de ningún sitio, hacia ningún lugar.

Aquel día recuerda haber comenzado a caminar desde muy pronto, todavía no era de día, una noche oscura sin luna le vio despertar, guardar la manta en su mochila y desayunar una manzana del manzano que localizó antes de dormir para tener algo que desayunar. Sentado encima de la mochila con las rodillas arqueadas y con los brazos encima de estas masticaba lentamente la fruta mientras miraba al vacío; recordaba perfectamente esta imagen pero, sin embargo no recuerda ni lo que pensaba en esos primeros parpadeos de la mañana, ni los días anteriores. Todo el día andando bajo este calor había ablandado su mollera.

El Sol su única compañía durante sus caminatas empezaba a atenuarse, poco a poco la luz disminuía y las sombras se hacían más alargadas. El objetivo comenzaba a ser avanzar con un poco más de atención en busca de un sitio resguardado para pasar la noche. Mientras tanto le seguían llegando relámpagos en forma de recuerdos del día de hoy, se encontraba cansado de andar; su cuerpo era recorrido por una extraña sensación, la sensación de sentirse extraño.

Tras el saludable desayuno en la oscuridad había continuado sentando a la espera de que esos primeros rayos del día comiencen a pintar el cielo de azul. Mientras esto ocurría comenzó a quitarse las legañas, enjuagarse la boca con un poco de agua... empezó a toser de manera fuerte, la flema subía con cada tos hasta que hecho el primer gargajo de la mañana, desde que salió de la ciudad no había fumado más que antes de dormir, ya que no sabía donde estaría la próxima ciudad y lamentablemente nadie vende tabaco en medio del monte; de pronto se dio cuenta que tampoco recordaba la última ciudad; todo era muy raro, mientras seguía andando viendo como la luz se iba apagando y el no encontraba un lugar donde dormir a gusto.

Comenzó a avanzar hacia un lugar donde había unas grandes rocas al lado de unos árboles con la esperanza de encontrar allí su sitio. Tras el lugar que había elegido para descansar el Sol comenzaba a caer, el cielo empezó a teñirse de rojo, naranja, amarillo... era todo tan bonito, era el atardecer perfecto parecía que en cuanto el Sol se ocultase no le volvería a ver, posiblemente se marche a otro planeta ya que nunca más podría haber pintado un día tan bonito como el de hoy; estaba siendo una jornada muy anormal a lo que a él mismo se refería, su cabeza parecía no funcionar bien y tras tanto tiempo andando era como si flotara, sus piernas no notaban el esfuerzo; pero de lo que no había ninguna duda es que el cielo había estado más espectacular que nunca, desde los primeras luces azules, moradas y violetas de la mañana, hasta estos colores tan cálidos de la tarde.

Ya le quedaba poco para llegar al lugar de su descanso, el Sol seguía cayendo y dentro de él crecía el miedo a no volver a ver el Sol, no volvería a notar como los primeros rayos directos del Sol comenzaban a calentarle la piel por la mañana cuando comenzó a andar, realmente no recuerda al Sol otro día que no sea el día de hoy, ¿por qué será que este parece el único día que ha vivido?. La mitad del Sol ya se oculta, el campo amarillento que recorre comienza a lucir más oscuro, se quedó mirando hacia el camino recorrido y no vio más que prado y laderas de hierba amarillenta, es como si nunca hubiera salido de allí, no recordaba ni otro día, ni otros lugares, ni otro cielo; sacudiendo la cabeza sigue paso tras paso con la seguridad de que dormir le sentará bien.

El ocaso cada vez está más s cerca y cada vez estaba más seguro que seria la ultima vez que vería el Sol, no asomaba ni un cuarto de la superficie de este cuando por fin llegó a su destino.

-Si este es un buen lugar, las ramas de los árboles me cubrirán del rocío y estas rocas tapan el viento del norte y el nordeste. Sacó la manta y se sentó a comer algo de carne seca que guardaba en la mochila, empezó a mirar lo que a su juicio era el último atardecer; la pradera se veía casi marrón, en contraste del amarillo que relucía al mediodía; una nube que pasaba por ahí se tiño de rosa al mezclarse su blanco con los últimos rayos de rojo intenso. Odiaba este momento del día, estaba solo y pronto se haría de noche, lo cual le hacía estar solo en la oscuridad, sin un hogar, ni nadie esperando su llegada, con los últimos destellos miro el lugar que había elegido para descansar; este no es mi sitio, quizás lo fuera el primer sitio del que marche, aunque hoy no puedo recordar nada. El Sol se despedía de la Tierra en su último día y él quedó solo en la oscuridad, encendió el cigarro que guardaba para dormir y se le fumo buscando aún el sentido al día que ya terminaba. Le apago contra la piedra y se tumbó a dormir.

Cuando comenzaba a quedarse dormido.... una sensación de vértigo le despertó.

-Joder- gritó , giró la cabeza hacia los lados, estaba en casa, en su casa.

Felix es un hombre que vive solo en su apartamento, marchó de muy joven de su ciudad hacia una más grande con el fin de labrarse un futuro, encontró un buen trabajo, el cual le consumía prácticamente todo el día, así que el pobre Félix vio como pasaban los días sin tener tiempo de conocer a nadie que le esperara en casa cuando el Sol se escondiera.

Se levantó de la cama, se dirigió al baño y se puso a mear. Abrió el grifo de agua caliente con el fin de afeitarse. Mientras se echaba la espuma la bombilla reflejaba en el espejo, Felix la miraba. Una pasada de la cuchilla, otra... la bombilla seguía reflejando Felix la miro, le recordó al Sol de su sueño, ese hermoso y solitario atardecer, ¿por qué él mismo creía que era el último día que vería el Sol? escondiéndose de hombros siguió afeitándose.

-Ni siquiera sueño con alguien que me acompañe al hacerse de noche, no me queda mucho, estoy en el atardecer de mi vida y cuando este Sol se ponga estoy seguro que no volverá a salir.