Lluvia que cala en el alma,
que impregna los huesos.
Maldita a veces por resultar incómoda
o causar peligro.
Bendita seas ahora por frenar el fuego.
Este incendio ajeno a la naturaleza,
este huracán de infortunio
que aún cubre el corazón del norte,
tratando de volver inerte
lo que es pura vida.
Un corazón llamado bosque.
Gracias, bendición húmeda,
por dar un espacio al verde para respirar.
Desata tu huracán,
derrama tu ira, tu incesante llanto,
tu codicia y tu alegría.
Descúbrete como curandera,
frente al humano soberbio,
de ésta, tu naturaleza.
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